lunes, 24 de diciembre de 2007

EL TEMPLO – Más allá del delirio

EL TEMPLO – Más allá del delirio

Walter corría furioso, parecía que sus pies se separaban del suelo a medida que apresuraba su andar. Temeroso, con un horror que lo carcomía, enrumbaba a su hogar, en el cual se congregaba medio pueblo. A medida que se aproximaba sentía como su terrible expectativa pronto sería cruelmente satisfecha. La puerta de la casa se abrió violentamente y los presentes repararon en el recién llegado quien agotado, daba la impresión de que en cualquier momento vomitaría su corazón, dada su terrible agitación; Uno de los presentes hizo una seña a Walter quien trepó a zancadas las escaleras hasta llegar a la habitación de Camilla, su hermana, allí halló al medico y al sacerdote del pueblo, ambos tenían un semblante apesadumbrado lo cual hirió ferozmente el animo de Walter quien cayó ante el lecho de su hermana. Camilla estaba con un semblante pálido, terriblemente decaída, aun así tuvo la fuerza para esbozar una pequeñísima sonrisa. Luego de éste episodio de dolor fraternal, el cura y el médico tomaron del brazo a Walter y lo sacaron de la habitación; en el corredor, el doctor le informó que Camilla había sufrido un accidente luego del cual cayó en un estado de delirio febril, agravándose tanto que las esperanzas de que sobreviviera a ese padecimiento eran mínimas, el médico temía lo peor. Un hondo pesar descendió sobre Walter quien no podía creer lo que estaba sucediendo, su querida hermana al borde de la muerte. Algo aturdido, descendió las escaleras hasta que llegó a un pequeño sillón en el cual se desplomó, el abatimiento lo tenía ya en sus manos.
Una trágica historia envolvía la existencia de ambos hermanos, un devenir coronado por la muerte de los progenitores, acaecida hacía dos años atrás cuando una carreta se salió de control y los embistió; su muerte fue terrible y enlutó a todo el pueblo dado que eran personas muy queridas por la comunidad. Desde la muerte de los padres, Walter veló por la vida de Camilla, se transformó en un joven responsable, preocupado, taciturno, que rehuía cualquier momento de distracción, angustiado por la idea de la muerte; La imagen de la parca lo perseguía pero cuando ésta lo encaraba, el golpe era brindado a alguien cercano a él, como había ocurrido con sus padres, ahora era el turno de Camilla.
Meditabundo se encontraba Walter cuando el sacerdote se le acercó y comenzó a conversar acerca del posible destino que atrapaba a su joven hermana; le habló de redención, del plan de Dios, de la gloria del paraíso, de la vida eterna y cosas que mucho antes Walter las había oído, justo hace dos años, pero ésta vez todo ese mensaje le resultaba vacío, sin sentido. Walter escuchó hasta la última palabra del sacerdote quien luego de terminado su mensaje, se levantó de manera mecánica, saludó al joven y se retiró a conversar con los demás asistentes. El corazón de Walter seguía frio, el calor de la divinidad que pretendió inculcarle el religioso le había parecido tan insubstancial, tan artificial, tan superfluo, ¡No!, el necesitaba algo que verdaderamente le devolviera la esperanza, algo que le garantizase que su pequeña hermana no se iría de su lado. Su antigua fe hacía dos años que literalmente había muerto; estaba desesperado, sin saber que más hacer.
Walter no podía tolerar su propia casa, llena de todas aquellas personas que no le brindaban ninguna solución; levantose precipitadamente para salir corriendo de allí, encaminándose a las afueras del pueblo y mientras corría se desataba una cruenta lluvia que evocaba un sinfín de lamentos, una agonía de la naturaleza la cual se confundía con la del mismo Walter, pero toda esta conmoción no fue suficiente para detener al alocado ser quien cayó luego de recorrer exhausto una considerable distancia, hundiendo la cara en el fango que se había formado; así estuvo por un buen tiempo luego del cual se fue incorporando, aturdido, comenzó a mover su cabeza hacía distintos lados, reparando de pronto en unas ruinas que se mostraban en la cima de una pequeña loma, edificaciones antiquísimas cubiertas por la maleza pero que sin embargo aun mostraban ciertas estructuras que permitían distinguirlas.
Walter quedó observando ese paisaje, ni siquiera él sabía por que estaba allí, luego le vino a la memoria una historia que su padre le había contado, un relato según el cual ese recinto había sido edificado por extraños, allá por los tiempos medievales, pero no eran brujos pues la persecución de la iglesia no los tocó. Estos seres tenían costumbres raras y realizaban, de manera semanal, extraños rituales que inundaban el área circundante de una lluvia de colores que ascendía hasta el cielo y se perdía en el infinito; un momento sobrecogedor en el que se oían cánticos y llamados seguidos de un virtual silencio, una repentina calma la cual estallaba en un atronador griterío. Éste episodio moría antes del nacimiento del alba. Pero todo lo que se contaba en sí eran relatos de escasos valientes que se mantuvieron cerca del escenario donde todo acontecía, pocos se atrevían a ir a esos sitios cuando se realizaban aquellos rituales, muchos temían ser descubiertos y sometidos quien sabe a que actos por profanar el espacio sagrado de los extraños. El tiempo pasó hasta que de un momento a otro el lugar fue abandonado, entonces algunos aldeanos se aventuraron a visitarlo encontrándose con una peculiar edificación; Aquella constaba de una gran sala rodeada de ciertas imágenes sin ojos, grandes agujeros se encontraban en vez de ellos, vacíos, ciegos vigilantes de un espectáculo perturbador. Lo que más llamaba la atención era un extraño símbolo que cubría todo el piso del recinto y constaba de un área circular dentro del cual se confundían un conjunto de líneas verticales y horizontales las cuales se atravesaban una a otra como si se tratara de un caos o simulara un extraño laberinto.
Con el paso de los años, muchos dejaron atrás aquellos extraños sucesos, sin embargo nadie pretendió destruir el “templo”, le habían cogido un falso respeto adornado por un sentimiento terrorífico que no les permitía descargar golpes demoledores sobre la construcción. La estructura se fue deteriorando, sin embargo y esto lo manifestaron algunos testigos, el símbolo del suelo permanecía nítido, como si el tiempo en él se hubiera detenido, allí estaba desafiante, rodeado por algunas de las imágenes ruinosas que aun se mantenían en pie.
Posteriormente sucedieron dos acontecimientos que marcaron aun más el lugar. El primero ocurrió hacía unos 10 años, con un grupo de jóvenes que habían llegado procedentes de una de las ciudades del país, eran estudiantes abocados totalmente al conocimiento científico, habían escuchado del lugar por boca de algunos del pueblo que visitaban las ciudades. Estos jóvenes venían con la intención de desafiar la superstición malsana que como un mal, corroía la mente y la inteligencia del ser humano. En su primera visita sólo contemplaron las ruinas desde lejos, las gentes comentaron que luego de esto, los jóvenes continuaban con su discurso adverso a las creencias del pueblo sin embargo esto no impidió que multiplicaran sus visitas a las inmediaciones del templo. Una y otra vez se les veía ir y venir, rodeados de un deseo y una terrible ansiedad por estar cada vez más cerca de aquellos vestigios. Sus ataques fueron quedando atrás, su ciencia quedó en el olvido, quien los veía afirmaba que el antiguo templo había hechizado a estos muchachos quienes en ocasiones no podían retirar su vista del sitio, permanecían largas horas contemplándolo, encerrados en un laberinto de fascinación mental, como si algo los estuviese llamando, como si eso mismo los esperara. Uno de los jóvenes comentó a un poblador acerca de una historia que había escuchado sobre una sociedad secreta la cual existía desde un tiempo innombrable; una élite selecta que distribuía a lo largo del mundo sus lugares de culto en donde realizaban extraños procedimientos, enlazándose quien sabe con quien o con que; Precisamente, estos recién llegados tenían noticia de que uno de esos templos estaba ubicado en la región donde estaban, todos los indicios apuntaban a la abandonada ruina, centro de sus obsesiones.
Habían pasado dos semanas del arribo de los forasteros, el momento de ingresar a la edificación era inminente. Algunos testigos los vieron lanzarse alocadamente como si estuvieran fuera de sí. En la noche, las gentes refirieron que el lugar se vio inundado de un espectáculo de luces que se elevó violentamente al cielo, transfiguradas en un gran torbellino rojo, adornando su aparición con aterradores gritos los cuales se perdían hasta disolverse en el cosmos nocturno. Este espectáculo trajo a la memoria los antiguos relatos sobre los ancestrales ritos de los “primeros” extraños del tiempo medieval, la gente no sabía que pensar. En cuanto a los jóvenes, ninguno descendió del templo, nadie se preocupo en subir y ver que había pasado con ellos.
Una semana después llegaba un pequeño grupo de sacerdotes, su presencia sobrecogió a la gente quien relató lo acontecido. Lo que el pueblo no sabía era que la iglesia tenía conocimiento y registro de los sucesos que se producían no sólo allí sino en otros lugares similares, sin embargo jamás tomaron medida alguna, las causas de esa actitud eran desconocidas. El grupo de jóvenes que partió en aquella expedición y que había desaparecido en su totalidad estudiaba en una universidad cuya administración era compartida por laicos y sacerdotes, estos últimos mostraron cierto interés por la investigación de los estudiantes por lo que se designó a un grupo de religiosos para que los acompañaran. Los sacerdotes no pudieron salir al mismo tiempo que los jóvenes, ahora se encontraban con una infausta realidad. El líder del grupo de religiosos, si bien era respetuoso del conocimiento moderno, tenía fama de místico dentro del seno eclesiástico, algunos de sus compañeros decían que en ocasiones mostrabase obsesionado con temas como el estudio de demonios y planos existenciales malignos (Infierno), los del grupo de sacerdotes no estaban muy de acuerdo con que él los liderase pero su antigüedad y el respeto que los superiores sentían hacia él predominó sobre las preferencias individuales. Ante aquel desastre ocurrido con los estudiantes, el jefe de los sacerdotes reflexionó un momento, luego entro en conversación con los demás miembros, hubo una discusión acalorada, sin embargo los argumentos presentados llevaron al final a tomar una decisión, debían partir hacia el sitio del templo cuanto antes; En el pueblo cundía la habladuría acerca de la realización de un ritual exorcista, la expectativa crecía esperando el resultado. El desenlace sobrevino bien entrada la noche, a manera de un terrible estruendo, una sacudida violenta, un caos de sonidos que se levantó y en medio del cual muchos aseguraban que podían sentir como la tierra misma estrujaba en sus entrañas algo o a alguien; el ruido del viento llevaba al oído de los aterrados pobladores sonidos que se asemejaban a lamentos horrorizados, incluso a uno que otro le pareció identificar en esta parafernalia de gritos una oración; la gente aterrorizada esperaba en el interior de sus hogares que la mañana llegara ya y los rescatara de esos instantes de pesadilla.
Cuando el alba se dibujaba en el horizonte, algunos valientes decidieron subir al templo pero al llegar al lugar contemplaron como una gran área que rodeaba la edificación yacía muerta; la tierra, los arboles, todo estaba totalmente estéril, seco, carcomido, como si una terrible plaga hubiera descendido, absorbiendo la vida del mismo suelo; sólo había sobrevivido el recinto maldito, enseñoreado en su terrible símbolo. Desde ese día, casi nadie se acercaba al lugar, un yermo maldecido hacia el cual se dirigía Walter, observando desesperado, dándose cuenta de que sus pasos sin control lo llevaban hacia un extraño destino. Arrebatado, fuera de sí, Walter llegó a la cima de la loma, rodeada de muerte y construcciones maltrechas por el paso de los siglos; el símbolo yacía incólume, metáfora de la confusión y de algo que no tenía nombre. Walter se acercó y en un momento estuvo sobre aquel dibujo, al contemplarlo de cerca pudo notar un conjunto de resquebrajaduras las cuales se delineaban sobre cada una de las líneas de la figura, como si algo hubiera surgido de dentro de él, quedando estos rasgos como mudos testigos de tan peculiar acontecimiento.
Walter, detenido en el tiempo, se mantenía expectante de lo que pudiese ocurrir; estuvo un buen rato sobre aquel arcano, una eternidad pudo haber pasado pero nada sucedía, lo único que asomaba era el aburrimiento, comenzó a sentirse decepcionado, se burlaba de las creencias y miedos que la gente del pueblo había experimentado; el paisaje ya no le resultaba aterrador sino simplemente burdo, común, un cerro con unas viejas ruinas y un garabato en el piso, ¿Cómo podía eso asustar a la gente? El miedo se fue transformando en un sentimiento de seguridad que deseaba ampliarse a toda la vida de Walter, deseó deshacerse de toda esa congoja que lo atormentaba; el temor de perder a su hermana de pronto desapareció, fue en ese momento cuando levantó la vista al cielo y contempló la luna nueva, pequeña, como una sencilla línea que adornaba el firmamento con un ligero halo de luz. En el silencio de la nada un extraño murmullo comenzó a crecer, a manifestarse lentamente, introduciéndose discretamente en la mente de Walter. El sonido se incrementaba y al ritmo del mismo la luna comenzó a cambiar, crecía, las fases eran pasadas instantáneamente y al final la luna llena se mostró a los ojos atónitos de Walter quien no comprendía lo que estaba ocurriendo. El sonido seguía creciendo, fuerte, evolucionaba en una hermosa armonía, sumiendo en éxtasis la mente del oyente quien empezó a proferir extrañas frases en un lenguaje ininteligible, sonidos animales, ruidos que en nada se parecían al que profiere un ser humano, ni aun cuando se encuentra en su estado más deplorable. Walter “cantaba” como un poeta poblador de un mundo de ensueño tétrico, el cuerpo del desdichado comenzó a moverse por todo el símbolo, contorsionándose, saltando, dando alaridos, danzando hasta mas no poder, recorriendo las ruinas y el tiempo abandonados; las pupilas de sus ojos aparecían nadando en sangre, rojos, con un brillo terrible matizado con el reflejo lunar. Walter se vio nadando en un océano de arcoíris, veía los colores desfilar a su alrededor, podía tocarlos, arrebatarlos de éste mundo. Ascendía vertiginosamente, llevado por una columna de energía, extraña pero acogedora, más allá de los confines de la vida.
La luna crecía, mostrabase inmensa, majestuosa, la grandiosa palidez sobrecogía el alma de Walter quien ya no flotaba, pisaba una tierra extraña, un paisaje mustio; Caminó en medio de la desolación, de tierras abandonadas y grandes cráteres; su andar era lento, pausado, adentrándose en tierras obscuras, sin saber a donde terminaría; obscuridad que mutaba vertiginosamente en una intensa luminosidad sanguinolenta, Walter se acercaba a algo, ¿quien sabría lo que era?, entonces descubrió un inmenso altar, rodeado de grandes columnas, dentro del cual unos seres bailaban alocadamente, exclamando plegarias y oraciones, levantando sus brazos hacia el universo; ellos detuvieron su ritual y quedaron observando al visitante quien absorto avanzaba hasta estar demasiado cerca, así pudo ver mejor a estos entes, se asemejaban a la figura humana pero eran incorpóreos; sus rostros, tan similares a los de una persona, esbozaban una sonrisa malsana que sacó de su turbación a Walter, buscó a aquellos seres pero inesperadamente se habían desvanecido, inundando el templo de desolación, poblado únicamente por algo conocido, una figura ubicada en el piso de aquella estructura, era aquel bendito símbolo, habitando aquella visión pesadillesca.
Un movimiento muy fuerte remeció los suelos, las líneas del arcano que marcaban resquebrajaduras lentamente comenzaron a alejarse una de otra hasta dejar un inmenso boquete del cual emergía un edificio que se alzaba imponente, expectorado de las entrañas del mundo, entonces Walter se dio cuenta de que se hallaba en las ruinas del templo a las afueras del pueblo y ya no en aquella bizarra tierra celestial. La estructura que emergía mostraba una ruinosa fachada adornada por extrañas “marcas” que la recorrían toda como si se tratasen de costras y yagas, de estas brotaba un extraño líquido pestilente; Del interior se escuchaban ruidos desgarradores que en un momento se unieron en una atroz exclamación, un único lamento que dio por los suelos con los sentidos de Walter pues eran gritos humanos, proferidos con un dolor tal que incontables pensamientos llegaron a su mente saturándola de un terror, de una advertencia escondida acerca de ciertas entidades adoradas que realmente convierten el alma de los humanos en simples títeres de luz; Walter se desvaneció pero aun así no se pudo librar de toda esa locura, se vio dentro de un inmenso túnel que se extendía a más no poder, precipitándose interminablemente; Descendía y ascendía por un conducto que nadie sabía donde terminaría, pero al fin éste recorrido culminó en una inmensa luz roja, cegadora, la cual lo envolvió; finalmente se escuchó un grito, trascendiendo los mundos aquellos y otros más, luego el silencio.
En su habitación, Camilla lentamente abría los ojos, le parecía haber vivido una pesadilla interminable. El sacerdote y el médico se sintieron aliviados de verla recuperada pero ella se mostró extrañada pues no sabía como había ido a parar a su cama; ellos le explicaron que unas personas la hallaron tirada junto a su casa, delirando palabras extrañas, entonces la condujeron a su habitación, pero su delirio no paró, al contrario se incrementó de manera alarmante. Todo el pueblo temía su muerte, sobretodo su hermano Walter. El sólo hecho de mencionar ese nombre hizo que Camilla comenzara a relatar su experiencia, recordaba que ese día subió al tejado de su casa a tratar de reparar unos orificios y resquebrajaduras pero su atención se vio robada por la observación de los tejados de las casas vecinas, del bosque el cual le pareció hermoso. Comenzó a pensar en las personas del pueblo, en su hermano, en la naturaleza y fue justo cuando estas ideas le penetraban que dirigió su vista hacia un lugar en el horizonte en donde algo la llamaba débilmente. Parecía escuchar el sollozo de un niño, recordó que así debían llorar los bebes cuando llaman a su madre, se acordó de la propia, entonces un terrible dolor apareció reduciendo su ser a escombros; el llanto que pareció percibir se incrementó como una avalancha sonora de sufrimiento, interminables quejidos que parecían provenir de seres desvalidos, reclamando protección pero sin que nadie les haga caso.
El padecimiento de Camilla comenzó a verse aliviado por un sentimiento placentero que la comenzaba a rodear, sumiéndola en una extraña danza, recorriendo el cielo con mágicos pasos, desenfrenadamente alegre; sus movimientos se hacían cada vez más rápidos, su cuerpo se sentía repleto de un tremendo furor, parecía que en cualquier momento moriría, pero a lo lejos una voz la retuvo deteniendo su engañosa euforia; de pronto se vio recostada, vio a su hermano que lloraba a sus pies, ella le sonrió pero luego observó débilmente como dos seres se lo llevaban de su lado, trató de hablar pero no pudo, su vista se hizo nula. “Raptada” nuevamente de este mundo, Camilla contemplaba pasmada una extraña luminosidad de tinte sangriento que se hacía cada vez más cercana; dentro de la misma, un sonido gutural aparecía de manera amenazadora, signo de lo que le esperaba. Por fin, aquel resplandor rojizo devoró su carne, parecía que la trituraba, viose presa de un abandono universal, sintiéndose sola, sin que nada ni nadie existiese, condenada al demonio del olvido. Gritó, y su grito se hizo uno con los de aquellos que sufrían aquel terrorífico éxtasis que se producía más intenso, más punzante; su cuerpo o su esencia misma se contorsionaba, era la danza de las agonías languidecientes, mas de repente una feroz exclamación la poseyó y su ser se vio libre, remontándose a una gran altura; el terrible color rojo desaparecía hasta perderse, luego ella se precipitó, su caída parecía eterna pero no fue así, sintió como su propia existencia se estrellaba contra algo, no había dolor, no había ese sentimiento que la corroía, abrió los ojos y se vio en su cama. Los que la escucharon creyeron que toda esa pesadilla era producto del delirio pero luego repararon en unas lagrimas que comenzaron a derramarse de los ojos de Camilla, eran rojas y fluían sin parar, había recordado que esa gran exclamación que la salvó le parecía demasiado conocida, esa última voz, su salvación, había sido la de su querido hermano que se condenó en su lugar.
Jamás se volvió a tener noticias de Walter, desapareció totalmente de éste universo, de ésta existencia; El templo aun se yergue y ahora es más temido que antes, ya que algunas personas vieron a Walter por última vez cuando, como un loco, se dirigía a esos parajes.
Camilla se fue del pueblo, a vivir a una ciudad con un familiar lejano; Las personas que la rodean han notado como ella gusta mirar de las estrellas pero también se han dado cuenta de la inmensa aversión que siente hacia la Luna. Camilla no puede evitarlo y en ocasiones ha relatado angustiada que allí, en un rincón de la pálida señora de la noche, ha observado un destello rojizo que ella aun recordaba, y a la par que aparece esa luminosidad le parece escuchar un grito de absoluto dolor como si alguien estuviera soportando el tormento más atroz que humanidad alguna haya conocido, y ese grito, esa voz, es idéntica a la voz de Walter, un grito que ella no puede soportar y que la hunde y la condena junto con aquel que sufre en su lugar, quizás solo la muerte borrara esa impresión, quizá.


CHRISTIAN DENNIS HINOSTROZA GARCÍA
MORMEGIL
dennis_garcia13@hotmail.com

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